Agosto 20, 2018

NO SIEMPRE CONFIES EN
TUS EMOCIONES

Cuando tomas decisiones en base a tus emociones podes perder una gran parte de tu vida. En este post te explico lo que me pasó por escucharlas.

Los primeros días lloré desconsolado. No entendía por qué había pasado todo esto. Negaba el hecho de haber dado todo lo que tenía a mi alcance, incluso más, por alguien que no me aceptaba de ninguna manera. No podía hacer nada sin llorar como un nene de 5 años que se tropieza, se lastima, se levanta y va con lágrimas en los ojos corriendo hacia su mamá en busca de consuelo. La diferencia entre el nene y yo es que también me caí, me lastimé, pero no me levanté, sino que permanecí en el suelo llorando.

Llegué a odiarla, a pensar que era una hija de puta que se cagó en todo desde un principio, que hizo el duelo mientras yo lo intentaba, que ya me tenía superado la última vez que hablamos por teléfono ese Lunes por la noche, que no hablarme para “no hacerme sufrir” era una excusa para alejarme de su vida con mayor facilidad, que estar en otra sintonía significaba que estaba con otro.

Esperaba su mensaje, esperaba el “milagro”. Deseaba que me diga que me necesitaba porque al no tenerme se dió cuenta que le hacía falta y quería volver a estar conmigo. Claro, pero si no lo hacía creía que no era buena persona, y nunca le importé. Me sentí traicionado, desvalorizado y, sobre todo, decepcionado. Cada momento en soledad lloraba o me imaginaba lo peor. El solo hecho de pensar en ella me carcomía el cerebro, me daba calor en la espalda y un vacío en el pecho. Llegué a estar "seguro" que estaba con otro, haciendo lo que aprendió y experimentaba conmigo. Le dí muchas vueltas a la misma rueda, culpándola por siempre haber estado a su lado en sus momentos más difíciles, pero ella haberme dado la espalda cuando realmente la necesitaba. Me sentí descartado como una basura, como si hubiera ido corriendo a dar amor y me hayan frenado con una piña en el medio de la cara.

Si intentaba recordar los momentos lindos, era peor. Solo generaba consciencia de que había perdido lo que me motivaba a levantarme cada día. Ya no iba a recibir un mensaje a las 8 de la mañana, todos los días, lleno de alegría deseándome un buen día y un corazón. No tendría con quién ver películas y series. No tendría con quién ir a tomar algo (aunque no lo hacíamos, sabía que estaba a mi alcance). No tendría a quién perseguir por la escalera para atraparla. No tendría a quién “comer” (esto significaba hacerle cosquillas y hablarle con la boca pegada al cuello, como método de tortura). No tendría con quién fumarme un pucho y tomar vodka mientras criticábamos gente. No tendría más a esa pulguita que saltaba y saltaba sin parar, todo el tiempo con una sonrisa. No tendría con quién cenar en la cama como dos obesos, siempre cosas ricas, viendo los Simpsons. No tendría más a esa persona con la que tuve el mejor sexo que me pude haber imaginado. No tendría a esa persona que me acompañaba a todos lados sin "peros" y siempre con buena onda. No tendría a esa persona que me apoyaba en todas mis decisiones y me daba consejos sinceros.

El mejor recuerdo que tengo es cuando la observaba manejar mientras cantaba y reía, con los lentes de sol puestos, la ventana del auto abierta y su pelo luchando contra el viento. Siempre la examinaba para guardar en mi mente cada gesto, cada perfección de su cuerpo, y con solo mirarla a los ojos y ver su sonrisa visualizaba una vida perfecta juntos. Ella se daba cuenta que no paraba de observarla y, con sus ojos clavados en los mios me sonreía y me preguntaba "¿Qué?", a lo que yo respondía "Nada"... si tan solo supieras lo que cruzaba por mi mente en ese momento. Me derretía cada segundo, y núnca se lo hice saber. Quisiera cambiar esa respuesta para poder decirle: "Sos lo mejor que me pasó en la vida..."

No era consciente de lo que significaba para mí todo eso. Intenté llenar mis huecos de incertidumbre con opiniones ajenas, buscando respuestas en las palabras de personas que no conocen ni un cuarto de lo que yo la conocí. Cada opinión la recibía e interpretaba con una resolución negativa, siempre asumiendo lo peor, creyendo que ellos tienen más razón que yo. A medida que pasaron los días, comencé a leer y escribir. Eso me generó un pensamiento distinto. Tuve que "atarme" en la cama en completo silencio por horas, pensando y analizando los posibles resultados, leyendo, o estar en el patio de mi casa viendo el cielo mientras escuchaba el ruido de la nada misma me hizo razonar y abrir mi mente, más allá de mi circulo de confort.

Caí en la conclusión que el amor no se pierde de un día para el otro, tenía que haber un motivo. Volviendo meses atrás, me dí cuenta de que no había sido el novio “perfecto” que creía, que tal vez ella no me estaba dando la espalda, sino que no sabía cómo manejar la situación, e hizo lo mejor que pudo. En muchas ocasiones la desvaloricé, no le di importancia, no sabía lo que realmente su compañía me generaba porque asumía que siempre la tendría a mí lado, pase lo que pase. Me saqué del papel de víctima. Un pensamiento cayó en mi cabeza – o mejor dicho en el corazón – como un flechazo. Si yo ahora estoy triste porque no está a mi lado, es porque en algún momento yo la hice sentir de la misma manera durante la relación, pensé.

Busqué pruebas en mis recuerdos, y las encontré. Ella me brindó muchísima atención durante la relación. Me demostraba cariño, interés, me “molestaba” todos los días para charlar un ratito. Se preocupaba por mis cosas (yo sabiendo que muchas de ellas no le interesaban, pero lo hacía de todos modos porque a mí me hacía feliz), y eso no lo ví en su momento. De saberlo hubiera hecho cualquier cosa para revertir la situación. Después, cuando tuve la oportunidad durante estos dos meses en el que estuvimos separados, me llené de expectativas e ilusiones, cuando no debía haberlo hecho, porque no era su intención. Esperaba acciones por parte de ella para poder darme bienestar a mí mismo, no a ambos. Eso incrementó mis ansias, asumiendo de que ella cancele sus planes por mí porque eso es lo que “debería” hacer. Me “tenía” que hablar a mi antes que a todos y decirme de vernos, porque eso se “suponía” que era lo correcto. Me volví un obsesivo, me había convertido en una persona que no me gustaba. Si no me gustaba mi propia personalidad, ¿Por qué habría de gustarle a ella?.

La realidad es que estamos equivocados en esperar algo de alguien porque nosotros lo haríamos. Que la otra persona actúe en base a cómo actuaríamos nosotros. Eso es obligar a la otra persona, de alguna manera, a sentir algo que no quiere y va contra sus principios, y yo lo hacía inconscientemente. Un error más para la lista. Me dejé llevar por mis emociones, quitando del camino la razón, y eso fue un problema mayor. No digo que actuar en base a las emociones y hacer lo que uno siente está mal, solo te advierto que, dependiendo las circunstancias, las emociones te pueden traicionar. Te confunde de lo que es correcto y lo que no.

Tuve que haber sido paciente, dejarla tomar sus tiempos, no presionarla… y lo hice mal. ¿Por qué? La desesperación me nubló la lógica. Por miedo a perder al amor de mi vida terminé siendo egoísta para mi propio beneficio. Quería que ella venga a arreglar el mundo que yo había destruido sin darme cuenta. Fue mi responsabilidad haberlo hecho, y ahora es mi responsabilidad tomar las consecuencias de eso.

Una pareja siempre se mantiene a flote porque uno se siente cómodo con el otro, porque uno acepta los valores del otro, cuando los límites de cada uno son asignados y respetados por el otro… pero todo se va a pique cuando uno intenta resolver los problemas de su pareja, en vez de resolver los de uno mismo. Ella necesitaba resolver la confusión de su cabeza, y yo generé más confusión. Necesitaba soledad, y violé ese derecho por mi impaciencia. Necesitaba relajarse, y yo la estresé. El amor incondicional se siente bien, pero los conflictos son los que ponen a prueba si una pareja es ideal o no. Si no hay conflictos no hay estabilidad, porque la estabilidad viene de dos personas que van para adelante ante cualquier consecuencia o barrera que se les presente.

También tuve que aceptar el rechazo, a que la otra persona me diga que no. Si ella me dice “no te quiero ver hoy porque tengo otros planes” o “no tengo ganas de hablarte hoy” no debería enojarme (si realmente la quiero y respeto), y eso también lo hice mal. Le cargué la culpa de que cada decisión que tomaba estaba mal y rompía todavía más la relación. La culpé a ella por mis propias emociones. Si me sentía feliz era porque me “ilusionaba”, si me sentía triste era porque no me decía que me quería ver, si me sentía desesperado era porque no me hablaba, si me sentía preocupado era porque salía con los amigos y no elegía estar conmigo. Sea cual sea la circunstancia, la culpaba a ella. Nadie es responsable de sus emociones salvo uno mismo. Cada uno tiene intereses propios y, si realmente la quiero, tengo que respetar sus intereses. Tuve que sufrir, llorar, odiar, ilusionarme, esperar y caer en lo más profundo del agujero para darme cuenta de esto.

Que la persona con la que querés estar en pareja, la que proyectas millones de planes y te imaginás toda la vida a su lado te diga que no quiere estar con vos es una de las cosas más feas que me pasó en la vida, por no decir la más fea. Pero gracias a ello supe valorar mucho lo que uno tiene, saber lo que realmente importa en la vida. Esto no quiere decir que esa persona ya no es importante para mi, sino que lo fue en su momento. Y darse cuenta de esto – que desvaloraste una persona o aspecto importante en tu vida – , es un avance.

No te voy a mentir diciendo que no espero que me llame, o que apenas me suena el celular voy corriendo a mirar si el mensaje recibido tiene su nombre, o que no me encantaría que vuelva, porque la realidad es que es en lo único que pienso en este momento. Tener esa impotencia y necesidad encima de los hombros para decirle todo esto, y que lo sepa. Mirarla a los ojos y decirle “está todo bien, te quiero”. Quisiera poder decirle que todo va a ser como un principio, que va a ser perfecto, que no va a haber más problemas, que vamos a sentir más amor que nunca, que empecemos de cero… pero estaría mintiendo. Y esto no es malo. ¿Por qué no es malo? Porque ante cualquier conflicto voy a estar a su lado, sea cuales sean las circunstancias. A pesar de mis errores pasados en la relación, y durante este tiempo, no estaba buscando ser su pareja nuevamente, no buscaba que me ame como antes, simplemente quería demostrar mi cariño hacia ella y crear nuevos momentos juntos.

Muchos dirían que estoy cometiendo un error al hacer eso, pero lamentablemente (o no) soy una persona pasional, hago lo que siento, y más si se trata de alguien que me importa. Todas las opiniones ajenas se pueden ir a la mierda. En el ámbito de la relación no se trata de lo que sea importante para mí, se trata de que ella sea importante para mí independientemente de lo que es importante para ella. En otras palabras, aceptarla tal cual y cómo es.

Pero ya es demasiado tarde, una vez que se pierde ese amor es muy difícil de recuperarlo, pero no imposible. Hoy en día lo mejor que puedo hacer es dejarla en paz. Nunca se sabe lo que va a pasar, hasta que ya pasó, y ahora esto es pasado. Me tengo que enfocar en lo que viene. Por más que intente buscar conclusiones futuras, expectativas, o “milagros”, lo que importa es el presente. Soy responsable de lo que pase en este momento.

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