Mayo 13, 2019

Me levanté más fuerte que nunca

El motivo de mi ausencia. Ésta experiencia sirve para mejorar como persona y tomar la iniciativa en tu vida.

Acá estamos después de tanto tiempo... Uff… no sé por dónde empezar. Hay muchas cosas que quiero contarles y doy fe a que si leen el artículo hasta el final van a dar el primer paso para cambiar su vida como yo cambié la mía.

Hace 8 meses y 9 días que no escribo. Hace 8 meses y 9 días era una persona totalmente distinta. Cuando empecé a escribir éste Blog estaba pasando un momento muy duro, y necesitaba expresarlo para que mi desazón no me invada por dentro, pero al muy poco tiempo llegué a un punto de quiebre y no pude salir adelante por varios meses.

Como ya saben, yo cuento mis experiencias sin avergonzarme de cómo soy y cómo actúo porque aprendí a aceptar mi personalidad y mis decisiones. Voy a hacerles un pequeño resumen de lo que viví los ultimos meses del 2018 para poder explicar en mejor contexto lo que sucedió después, ya que es dónde quiero enfocarme en éste artículo.

Si leyeron los post anteriores “Mi trauma de la infancia y cómo lo superé” y “No siempre confíes en tus emociones” sabrán un poco sobre mi vida. En el transcurso de tres meses me diagnosticaron tres síntomas: Trastorno de Ansiedad Generalizada, Agorafobia y Depresión, todo esto a causa de un trauma de mi infancia por el fallecimiento de familiares que venía reteniendo en mi inconsciente, y después, la separación con mi pareja que, como dice el famoso dicho, fue la gota que rebalsó el vaso.

Lo que van a leer a partir de ahora no lo saben muchas de las personas más cercanas y que más quiero en mi vida:

Toda ésta información junta y repentina me creó un carácter con sentimiento al abandono. Pasé a tomar cuatro pastillas por día, no podía dormir por las pesadillas, y cada día estuve peor. Llegó un momento que la psicóloga estaba preocupada porque los resultados expresaban que podría tener tendencias suicidas. No voy a mentir, cuando esperaba el tren para ir a trabajar se me cruzaba por la cabeza tirarme para escaparme de los problemas, pero jamás hubiera tenido la valentía de hacerlo. Llegué a un punto donde todo carecía de interés. No sabía definir la línea gruesa entre la vida y la muerte, y tampoco me importaba.

Renuncié a mi trabajo, tenía a mis amigos y familiares preguntándome todos los días si me sentía mejor, y eso me ponía peor. Nunca me gustó demostrar tristeza, pero no lo podía controlar. Me reunía con mis amigos a cenar y, mientras estábamos en la cocina, un impulso de tristeza invadía mi cuerpo y necesitaba salir al patio para dejarlo salir a través de mis lágrimas. Ellos se daban cuenta que salía de la casa para llorar y no me gustaba ser esa persona depresiva.

Me fui a Córdoba para “relajarme” un poco, pero la realidad es que me mentía a mí mismo. Fui a Córdoba por otro motivo. Fui a visitar a mi prima al cementerio. Y ahora viene la gran pregunta… “¿Por qué harías algo así mientras estás transitando un momento tan triste?”

Porque mi mente me decía “Andá al cementerio, no podés estar peor de lo que ya estás”. Creí que no podría llorar más de lo que estaba llorando. Entonces, fui con mi tío (el padre de mis tres primos fallecidos) y mi mamá. El cementerio está aislado del centro de la ciudad, en un campo grande donde el único sonido que se escucha son las hojas chocando entre ellas y los pájaros cantando.

Bajé de la camioneta, y ví que mi tío se paró de espalda al cementerio. No hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta que después de todos estos años ese lugar era su peor terror. No puedo explicarles su expresión, pero pude sentir una pequeña parte de su alma destruida al estar en ese lugar.

Me acerqué a la lápida de mi prima, y me senté en frente sobre el pasto. ¿Qué estaba viendo? Un pequeño cuadrado de mármol gris con la chapa de metal tan sucia que no se podía leer su nombre. Eso era todo. Mi prima ahora era “eso”. Creí que no iba a llorar, pero ese pensamiento tan vano y vacío inundó mi mente y lloré como nunca lloré en mi vida, de tal manera que limpié la chapa de metal con mis lágrimas y pude leer su nombre.

Lo primero que le dije fue “desde que moriste dejé de creer en muchas cosas, y una de ellas es pensar que me estás escuchando. No sé que estoy haciendo acá hablando a la nada con la esperanza de que me escuches… pero me siento solo. Estoy solo. Más que nunca. Te extraño y te necesito, no te imaginas cuanto”.

Al estar 10 minutos sentado, me despedí y le dije la siguiente frase: “Voy a vivir la vida por los dos”.

Para cerrar ésta historia y empezar con el objetivo del artículo llegué a dos conclusiones:

  • La primera es que estaba equivocado: sí podía estar peor de lo que ya estaba.
  • Puse una nueva meta y me comprometí a vivir la vida que ella no pudo vivir. Vivir dos vidas.

Volví a Buenos Aires, y tuve una conversación con mi hermano que fue mi primer paso para poder superar mi depresión. Mis conocidos cercanos, incluido él, me consolaban con que todo iba a estar bien, que todo iba a mejorar, hasta que mi hermano se enojó por verme triste y me dijo: “Dejá de vivir de la sombra de los demás”. Esa frase me marcó. Él tenía razón. Necesitaba que me lo digan de mala manera, que me peguen ese cachetazo de la verdad mientras me miran a los ojos. No es algo agradable de escuchar, pero sí necesario. Aquel día desperté.

Ese es el motivo por el cuál cuando escribo para ustedes aclaro que no voy a escribir lo que quieran leer. A veces se necesita una persona firme, que te diga la verdad y duela, pero la cicatriz siempre sana. No aconsejo tomar el consejo de una persona que quiere ser amable para generarte un bienestar temporal y mantenerte en tu zona de confort.

En noviembre llegó el momento de decidir entre dos opciones:

  • Lamentarme de lo injusta que es la vida, llorar, esconderme, ponerme en modo de víctima y seguir donde estaba.
  • O hacer algo al respecto.

La segunda opción era simple, pero no fácil. Sin embargo, tomé esa decisión.

Fue un proceso lento, no sabía cómo empezar y tomó mucha fuerza de voluntad. Empecé a hacer las mismas cosas que cuando era “feliz”, pero sin ignorar mi tristeza. Cuando era tiempo de llorar, lloraba. Está bien controlar las emociones, pero no reprimirlas.

Decidí tirar a la basura las pastillas contra la depresión sin la aprobación de mi psicóloga. Ella fue una persona muy influyente en mi bienestar. Le voy a estar agradecido por siempre.

Cada vez me juntaba más tiempo con mis amigos, y pensaba en las risas que me hubiera perdido si dejaba que la depresión se alimente de mí.

De a poco comencé a estar mejor. Tomé iniciativas, eso fue muy importante y marcó la diferencia. Sin darme cuenta empecé a leer muy seguido sobre finanzas. Me gustó mucho el género, a tal punto que en marzo lancé al mercado mi primer emprendimiento de productos para la barba y no me puedo quejar. Hasta el día de hoy que estoy frente a la pantalla estudiando el negocio, y lo disfruto un montón.

Leo entre 2 o 3 libros por mes, e intento leer más. Antes nadie me sacaba de los videojuegos, y ahora nadie me saca de los libros. Es muy raro porque entre los dos no se llevan muy bien.

¡Al poco tiempo estaba aprendiendo a tocar la guitarra! ¡¡Nunca en mi vida me imaginé con un instrumento en la mano, y es muuuuuuuuuuuuuuy divertido!!

Empecé a relacionarme con mucha gente nueva. Estoy más expresivo, más carismático, me río todo el tiempo… ¿Quién lo hubiera dicho?

Tiempo después fui a la psicóloga y un día me dijo “te veo bien. ¿Vos cómo te sentís?” a lo que respondí: “creo que vengo por obligación porque me siento mejor que nunca”. Unas sesiones más tarde me dió el alta. Mi depresión había desaparecido. Mi trastorno de ansiedad generalizada y agorafobia estaban en control. Hoy en día los sigo experimentando, pero los puedo controlar de tal manera que no influyen demasiado en mi vida personal.

Hace poco tiempo entré a trabajar en el rubro inmobiliario. Estoy aprendiendo sobre ventas y negociación. Por otro lado, en mi casa estudio cursos online para aprender cada día más, y el año que viene empiezo la carrera de contador público.

A ver… todos estos cambios que les estoy contando sucedieron en muy poco tiempo. Hay cosas que volví a leer de este Blog que ahora pienso levemente diferente o cambiaría algunas palabras, pero no lo hago porque es parte de mi y no me arrepiento de nada. Nunca me sentí tan orgulloso SER YO. Siento un incremento en mi desarrollo personal como no lo había imaginado. Me di cuenta que hay muchas más cosas de las que uno se imagina, y el único límite lo pone uno mismo.

Yo me limité a estar mal porque creía que no había otra alternativa. Ahora me limito a estar bien, aceptando tanto las alegrías como los infortunios… ¿Por qué? Porque es parte de la vida. Es un conjunto. No puede existir lo bueno si no existe lo malo. No puede existir la alegría si no existe la felicidad. Uno necesita del otro para coexistir y nosotros debemos equilibrar la balanza.

No sé si será ironía en su estado más puro, pero… ¿se dieron cuenta que donde peor estuve en mi vida es donde más aprendí, crecí y enorgullecí como persona?

No existen problemas más importantes que otros. Tal vez lo suyo es más “leve” o más “grave” que lo que me pasó a mí, pero no depende del problema en sí, sino en lo que uno puede soportar ante ese problema. Lo importante es entenderlo, analizarlo y solucionarlo. Si es un caso en que no puede solucionarse tenés que aceptarlo.

Entonces, para resumir mi historia:

Por un lado, tenés al Tomás depresivo que toma 4 pastillas por día, que llora en cada situación, se esconde, se coloca en posición de víctima, preocupa a los demás (sin intención), que busca una explicación de por qué la vida no es fácil, que sentía que iba a morirse al instante que sale de la casa y tampoco le importaba mucho.

Y por el otro lado tenés al Tomás que a los pocos meses que se puso una meta, no se quedó de brazos cruzados, hizo algo diferente a lo que venía haciendo, decidió afrontarse a sí mismo y ganó. Tiene un emprendimiento, un trabajo, está aprendiendo a tocar un instrumento, conoció gente nueva, lee sobre distintos temas, estudia cursos, va a empezar una carrera y se siente contento. ¿Qué marco la diferencia?:

…cambió sus hábitos. F U N D A M E N T A L.

Podría escribir hojas, y hojas, y hojas sobre los hábitos, pero lo voy a dejar para otro artículo.

Soy la misma persona de manera externa que hace un año atrás. ¿A qué me refiero con externa? Sigo igual económicamente, viviendo con mi madre, teniendo los mismos amigos, riéndome de los mismos chistes, yendo a los mismos lugares, y más. Pero para que haya una transformación real el cambio tiene que ser interno. De esta manera aparecen pequeñas y grandes cosas que cambian tu vida. Yo tuve que cambiar mi interior, mis raíces. Si las raíces no se alimentan el árbol muere. No hizo falta modificar todo, solamente lo que no me estaba ayudando.

Entonces… ¿Estás pasando un mal momento y querés estar mejor?

Te doy estos consejos:

  • Cambiá tus hábitos (es el más importante)
  • Si algo no funciona, probá otra cosa.
  • Usá la voluntad. No dejes que tu mente controle la situación.
  • Aceptá la vida cómo es, tanto las cosas buenas y malas. Recordá que no existe uno sin el otro.
  • No juzgues a los demás. Cada uno tiene puntos de vista diferentes y abrazá cada idea, aunque no la compartas. Esto te hace aprender de los demás y ser una persona más sabia.
  • Escuchá los consejos, pero aprendé a diferenciar los que pueden ayudarte y los que no.
  • Tomá tus propias decisiones y no te arrepientas de nada. Si tomaste una decisión es porque en algún momento creíste que era tu mejor opción.
  • Aprovechá cada día sin dejar las cosas para más tarde. De esta manera, probablemente no las termines haciendo.
  • Aprendé algo nuevo o hacé algo que siempre quisiste experimentar.
  • Nunca metas la excusa más usada del mundo para no empezar algo que dice: “no tengo tiempo”.
  • Agradecé lo que tenés y a quiénes están a tu lado. No hace falta que sea mucho. Sentate 5 minutos sin el celular al alcance y pensá en las cosas buenas. Todos tenemos cosas buenas.
  • Aceptá tu personalidad, tu físico, tus ideas y no te prives de ellas por miedo a lo que piensen los demás. Si no estás conforme con algo, identificalo y mejoralo. No intentes cambiar a los demás.
  • No pienses que los problemas siempre son ajenos. Lo más probable es que el problema seas vos mismo.

Para cerrar esté post quiero agradecerles si llegaron hasta acá. Entiendo que hablé mucho de mi situación, pero siento que debía una explicación por mi ausencia. Uno de los fines de este Blog es que me conozcan así puedo influir más en su vida. Escribiendo este Blog deseo generarles compañía y apoyo a través de mis palabras para que no se sientan solos.

Recuerden que siempre sale el sol después de la tormenta.

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