Septiembre 04, 2018

Cómo mejorar tu vida siendo responsable ante todas las situaciones que se te presenten

Cuando asumas la responsabilidad por cada decisión que eligas en tu vida vas a tener un mayor poder para controlar los resultados.

Quisiera compartir un concepto que últimamente cambió mi perspectiva sobre la vida y pude enriquecer mi estado emocional. Tal como aclaro en la sección “Sobre Mi”, mucha de la información que les comparto es extraída de libros y las apliqué a mi vida cotidiana. Si implementas este concepto en tu rutina diaria vas a encontrar cambios positivos, te lo aseguro.

Hace unos meses que estoy transitando un momento muy difícil. Si quieren entender mejor mi situación actual les recomiendo leer “No siempre confíes en tus emociones”. Hace 5 meses aproximadamente me diagnosticaron “Trastorno de Ansiedad Generalizada” con leves síntomas de “Agorafobia”, y hace pocas semanas sufro de Depresión (voy a hablar de ambos temas en nuevos artículos que ya estoy preparando).

¡Pero, esperen un momento! No crean que por padecer de estos síntomas negativos soy una persona infeliz y triste. Al contrario, me considero una persona alegre, activa, con muy buenos amigos, buena energía y una familia estupenda. Simplemente estoy pasando un mal momento, y está bien. Siempre hay buenos y malos momentos. Lo que hace la diferencia es en cómo canaliza cada uno esos momentos. Estoy orgulloso de ser hoy en día la persona en la que me convertí, y estoy seguro de que voy a seguir superándome a mí mismo. ¡El Trastorno de Ansiedad Generalizada y la Depresión se pueden ir al carajo! ¡Esa es mi visión ante mis problemas!

La idea principal de “Sos Responsable de tu Vida” me ayudó muchísimo, y cuando digo muchísimo realmente me refiero a... MUCHISIMO.

Este concepto corresponde a un capítulo del libro de Mark Manson: “El Sutil Arte De Que Te Importe Un Caraj*. Cuando lo leí por primera vez y apliqué ésta simple técnica en mi vida sentí control absoluto sobre mis decisiones y pude ver las cosas de otra manera, en las cuales no sabía que estaba equivocado desde un principio.

Primero les voy a explicar el concepto de Responsabilidad (del que no soy dueño, sino que es mérito de Mark), y luego, les voy a explicar cómo lo apliqué en mi vida para ser una persona ansiosa con depresión, y, sin embargo, seguí adelante.

Concepto de Mark sobre la Responsabilidad

Lo que comparte Mark en un capítulo del libro es que cada individuo es responsable de la manera en que actúa frente a las distintas situaciones, sin excusas. No importa si tu problema actual es por culpa de tu jefe, o de tu pareja, o de la vecina, o de una entidad externa incontrolable. Siempre sos responsable de tu vida y en cómo actuás ante cada situación que se te presente.

Te pueden despedir del trabajo por reducción de personal, o tu pareja puede dejarte por otra persona, o tal vez, como lamentablemente ha pasado en mí vida, un pariente cercano muere accidentalmente (pueden conocer la historia en el artículo “Mi trauma de la infancia y cómo lo superé”). Vos no tenés la culpa. Son situaciones incontrolables que no están en tu poder, y créanme que entiendo el enojo, desesperación, tristeza y angustia. Pero lo que sí está en tu poder es cómo percibís esas experiencias y la forma en la que decidís interpretarlas.

Luego de ser despedido de tu trabajo sos responsable de las acciones que tomes en base a ello. Está en tu poder y en tu voluntad decidir si:

  • Vas en búsqueda de otro trabajo
  • Vas a lamentarte por ser despedido y descargas tu rencor ahogándote en alcohol
  • Mejoras tu conocimiento para ser fundamental en tu próximo trabajo
  • Vas a la casa de tu jefe con un revolver calibre .38 y tomar venganza

La decisión que tomes traerá consecuencias distintas... muy distintas. Y sos responsable de cada una de ellas. No es tu culpa que te despidan, pero es tu responsabilidad elegir qué haces al respecto.

Cuando perdí a mi prima estuve muchos años sin hablar de ella. Me guardé los sentimientos y la tristeza para mí, como si estuvieran en una celda pidiéndome a gritos que necesitaban escapar, y esto me consumía por dentro. A medida que pasaron los años se me presentaron varias opciones para actuar:

  • Podía seguir llorando y lamentándome por la tragedia
  • Podía aceptar que la vida es imprevisible y seguir delante de todos modos
  • Podía ir al psicólogo para mejorar mi bienestar mental y emocional
  • Podía hablarlo con mis amigos

Personalmente pasé por todas ellas, y fui responsable de cada una, y, como dije antes, todas te dan un resultado diferente. No está mal experimentar todas las opciones posibles, ya que de esta manera te vas a dar cuenta sobre cuáles son las más beneficiosas para tu de bienestar y cuales te deterioran. Yo no tengo la culpa de que mi prima haya fallecido, pero fue (y todavía es) mi responsabilidad cómo decido actuar frente a ello.

Convertíte en una persona curiosa, sé responsable por cambiar tus pensamientos y decisiones, nunca se sabe cuál puede ser la mejor vía para tener una mejor visión de las cosas.

Dependiendo de cuál sea la decisión que elijas tu estado emocional puede cambiar drásticamente. Cuando decidí llorar todas las noches y no contarle a nadie, me sentí deprimido y triste. Pero cuando comencé a ir al psicólogo y ser mas abierto socialmente al compartir la experiencia con mis amigos, pude aceptar la realidad y hablar de ella cómodamente. La tristeza y depresión se transformaron en aceptación y buenos recuerdos. ¿Y cómo logré esto? Tomando responsabilidad en cómo proceder frente a la situación.

Shakespeare dijo: “Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento es lo que hace que las cosas sean buenas o malas”.

No es posible pasar por momentos difíciles sin que haya “efectos secundarios”. En mi caso, comenzó a nacer y emerger un trastorno de ansiedad que, por no tratarlo a tiempo, fue incrementando con los años.

Me negué en recurrir a un psicólogo para atacar mi padecimiento. La mente llena de orgullo me decía “necesito seguir adelante y superar mis problemas por mi cuenta, sin ayuda de nadie”. En aquel momento, creía que para superar mi ansiedad y hacerme bien a mi mismo no tenía que depender de nada ni nadie que no sea yo mismo. Ese es un pensamiento de mierda y mediocre.

Cuando llegué al punto que no soportaba más mi ansiedad y comenzó a convertirse en una preocupación, cambié mi razonamiento. Modifiqué el foco de mi responsabilidad, y tomé la decisión de comenzar a ir al psicólogo. ¿Y quién iba a pensarlo? Contra lo que había luchado durante años fue mejorando en tan solo pocos meses.

Hay diferentes razones para negar las cosas. Puede ser por orgullo (Recordá que yo quería superar mi trauma sin la ayuda de nadie), o porque nos hace “sentir débiles”, o la más común, porque es el camino fácil. Si yo no iba al psicólogo era porque no quería demostrar debilidad, diciéndome a mí mismo “en algún momento el problema desaparecerá por su cuenta”, y mi camino fácil era quedarme en mi casa jugando videojuegos y masturbándome hasta las 5 de la mañana, en vez de hacer algo al respecto.

Lo peor que podés hacer es ignorar un problema o esquivarlo, porque le permitís que se vaya haciendo más fuerte y, tarde o temprano, te va a dar pelea. Los problemas hay que afrontarlos, mirarlos a la cara y decirles: “No sos más grande que yo”. Los problemas complejos y difíciles suelen tener soluciones poco agradables, porque es probable que tengas que enfrentarte a una respuesta que no te guste. Eso es tomar el camino difícil y ser responsable. Y aunque sufras, tendrá un mejor resultado final.

Una persona, a la cual le tengo mucho aprecio, una vez me dijo: “La vida es una mierda hoy y va a seguir siendo una mierda mañana. Depende de vos cómo actuas para convertirlo en un buen día”. Y es verdad. Está en tu control hacer de tus días buenos momentos modificando el panorama, ya sea haciendo algo bueno por los demás o una actividad productiva que te haga sentir mejor. La vida te puede traer tantas cosas buenas como cosas malas, y la cara de la moneda puede darse vuelta en un instante, sin que estés preparado para ello.

Cuando me puse de novio por primera vez sentía que era la mujer de mi vida, nos conocíamos desde que los 5 años. Cuando la veía, siempre me volvía loco y pensaba en que quería pasar el resto de mi vida con ella. A mis 18 años, nos cruzamos por pura coincidencia gracias a unos amigos en común, y al poco tiempo, estaba de novio con ella compartiendo 4 años de relación. De repente empezaron los problemas y nos separamos. Tomé la responsabilidad de volverme una persona cerrada y, por ende, clausuré todo interés en las relaciones, creyendo que no iba a conocer a nadie como ella. Los ataques de pánico comenzaron a manifestarse por varios meses, y eso empeoraba todo el estado emocional que había estado arrastrando durante años.

Al poco tiempo mi mente me repetía una y otra vez: “No te pongas en pareja nunca más hasta que cumplas mínimo 35 años”. Ese estado de negación amorosa me duró menos de dos meses. Llegó otra persona de imprevisto que me demostró que no hay que darse por vencido en el amor, que se puede amar de vuelta, e inclusive, se puede amar mucho más. Me demostró una manera de amar muy diferente, como si se tratara de dos ciencias distintas, pero con el mismo desenlace. Me puse de novio nuevamente, y meses más tarde, cuando “todo era perfecto”, me dejó por sentimientos que no eran iguales a los de un principio.

Los primeros días fui responsable de quedarme llorando en la cama por horas, viendo nuestras fotos y conversaciones, recordando los buenos momentos que quedaron en el pasado. Mientras tanto, negaba el contacto con mis amigos, y evitaba cualquier tipo de conversación con las personas que quiero. Lo único que deseaba era que vuelva. También fui consciente que había caído muy bajo, y por eso, tomé medidas al respecto.

Comencé a leer libros de autoayuda y de psicología para entender los comportamientos de la mente humana. En otras palabras, entender mi propia mente y emociones, buscando algún procedimiento para controlarlos. Esto dió resultado a conocerme un poco más y ser más abierto con la realidad. Tomé las riendas de la aceptación sobre mi propia responsabilidad y logré convertirme en una mejor persona, valorar lo que tengo y aprender de mis errores.

Ahora, imaginemos éstos dos métodos de ser responsables de nuestros actos. Misma situación, diferentes resoluciones:

  1. Luego de ambas relaciones mi decisión es no salir más de mi casa, no hablar más con mujeres, negar todo tipo de afecto femenino y decir “¡Las odio a todas, son todas iguales!” mientras prendo fuego el oso de peluche que me regaló en nuestro aniversario. En ese caso, estaría tomando la responsabilidad de actuar como un maldito maniático resentido que quiere todo a su manera.
  2. Luego de la separación comencé a ser más productivo en el trabajo, aprendí a cocinar, tal vez quiera irme de viaje a despejarme y hacer más ejercicio. Miro las cosas por fuera de mi ego emocional y digo: “fue una linda experiencia mientras duró, ojalá que sea feliz. Que pase lo que tenga que pasar.”. Continúo con mi vida. Fin.

Vuelvo a repetir: Misma situación, diferentes resoluciones.

Se que hay situaciones especiales en las que es muy difícil poner buena cara y seguir adelante con ánimo y energía, haciendo de cuenta que todo está bien. Pero lamentablemente la única solución a estos problemas es... hacerlo de todas maneras. Va a llegar un punto en que ese entusiasmo por realizar actividades se transforma en un hábito que será rutinario sin que te des cuenta.

Lo único que te pido, que fue algo que aprendí con el tiempo, es que no hagas el papel de víctima. No podés andar por la vida diciendo: “¡Me echaron del trabajo porque el jefe es un hijo de puta!¡Yo siempre hice las cosas bien!”, o situaciones cómo “¡Estudié toda la semana, pero el profesor JUSTO tomó algo en el examen que no estaba en el libro!”. A nadie le interesan tus problemas más que a vos mismo, y andar por la vida justificando las injusticias te hacen ver como un perrito mojado que siempre le pasan cosas malas y hay que consolarlo para que se sienta mejor. Te hace ver débil, pesado, y desagradable para tener al lado, porque te contagia con su energía negativa.

¿Te echaron del trabajo? Bueno, no te habrás esforzado lo suficiente. ¿No aprobaste el examen? No habrás estudiado lo suficiente. ¿Te dejó tu pareja? Bueno, no la habrás hecho feliz. Sé responsable y ponele el pecho a las balas frente a esas situaciones. Basta de excusas. Y si realmente se trata de una injusticia, elegí cómo vas a actuar: ¿Vas a quedarte sentado quejándote o vas a mover el culo para mejorar la situación? Porque esa debería ser tu responsabilidad. Cuando dejes salpicar con excusas baratas a todos los que te rodean y te adueñes de tu vida, todo tu entorno va a mejorar, incluyendo tu estado de ánimo y las cosas que sucedan en el futuro.

Y si, lo entiendo. Aunque seas buena persona, un buen padre/madre, o hermano, o amigo, o dones $1.000.000 a una entidad caritativa que ayuda a niños con cáncer, te pueden pasar cosas de mierda. Nadie está exento de nada y solo vos mismo podés actuar de manera positiva (o negativa) ante los problemas. Nadie lo va a hacer por vos.

Entonces... ¿Qué vas a hacer? ¿Señalar a todo y todos, arrojando la culpa al mundo por ser injusto, o juntar lo que se necesita y ser responsable de tu vida?

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